Bio
Hola al amable lector, al internauta perdido o al troll desalmado. Hola a todos los demás también.

Me llamo Matías. Nací durante la noche del 24 de junio de 1989 en Concordia, Argentina. Soy hijo de Florencia y de Gustavo, y el hermano mayor de Agostina, Camila y Benjamín.
Concordia es una pequeña ciudad de la provincia de Entre Ríos, que se llama así porque está rodeada por cuatro ríos. A orillas de uno de estos cuatro (el Río Uruguay) crecí feliz y barrigón. Era un niño creativo y muy fantasioso; una maestra de preescolar le pidió a mi madre que no me dejara ir al colegio disfrazado de superhéroe, pues ya tenía cierta edad… Mi madre, afortunadamente, no le hizo ningún caso.
Fui a dos colegios religiosos: Nuestra Señora de los Ángeles y Nuestra Madre de la Merced (ahora soy ateo). Después de clase iba a inglés y, de cuando en cuando, me apuntaban a algún deporte para ver si adelgazaba. En fútbol duré unas horas (mi hermana salió a jugar en mi lugar), en karate algunos días y en natación pocos meses.
Los ordenadores me fascinan desde chico. Me regalaron un 486 cuando tenía seis añitos, pero pasaba tanto tiempo jugando que nunca llegué a convertirme en el genio de la informática que ahora quiero haber sido. Pero oye, las horacas con el Wolfenstein 3D, Doom, Heretic, Worms, Duke Nukem 3D, Blood, Grand Theft Auto… no me las quita nadie.
Entre 2001 y 2002 la Argentina sufrió una crisis económica (que recordaréis por el corralito y porque derrocamos a cuatro presidentes seguidos en unos días). Mi padre migró a España en calidad de betatester y luego nos trajo al resto de la familia. Yo tenía 13 años. Hacía un día nublado en Marbella, pero ese detalle no deslució la aventura más excitante que había vivido.
Así pues, en Marbella fui echando el rato. Ahora era un adolescente huesudo, muy delgado, ya menos fantasioso pero aún muy creativo (al menos en potencia). Enamoradizo, extrovertido, carismático…
Como llegué a España en marzo y no había plazas en los colegios, estuve casi 10 meses sin ver una pizarra: teniendo en cuenta que las vacaciones de verano en el hemisferio sur son en los meses de Navidad y que en España los colegios abren muy empezado septiembre, no fui a clase entre principios de diciembre y mediados de septiembre. Esto –aparte de marcar el resto de mi existencia con un brutal déficit de atención– me permitió ver muchísimo la tele y, en consecuencia, superar el duro cambio de doblaje latino a doblaje español (que ahora se me antoja imposible a la inversa). Cuando me aburrí de la tele, me sumergí en un mundo que hasta entonces se reducía para mí al chat y al porno: Internet.
Pero antes, un inciso. Un once de noviembre me enamoré. Definitivamente, quiero decir. Llovía a cántaros en Marbella. Yo estaba con un amigo. Había quedado con ella en encontrarnos cerca de la fuente principal del Parque de la Alameda. Mi amigo no podía irse porque sólo teníamos un paraguas, el mío. Entonces esperamos a que llegase ella, previsiblemente con su paraguas, para que yo pudiera prestarle el mío a mi amigo y que nos dejara por fin a solas. ¿O fue una excusa para compartir paraguas con ella?
En cualquier caso, Fernando se fue y Elena y yo nos quedamos bajo el mismo paraguas. Nos reflejábamos en el suelo mojado de la plaza. Tonteamos, vacilamos, y finalmente nos fundimos en el beso más romántico que nos hemos dado. Claro que no fue exactamente nuestro primer beso, pero eso es una historia que me reservo para contarle a mis hijos dentro de treinta años. Mi amigo Fernando bien podría hacer de Barney Stinson.
Desde aquella vez Elena y yo no nos hemos separado. Literalmente. Somos demasiado cómplices como para complicarnos la vida viviendo por separado.
¿Pero qué decías de Internet? ¡Ah, sí! Nada, lo típico: navegando en Internet aprendí las nociones básicas necesarias para considerarme lo que ahora llaman un geek: por aquel entonces con que usaras Firefox, probaras varias distribuciones de GNU/Linux y miraras por encima del hombro a los que siguieran con Hotmail, estabas aprobado. Al cabo de eso di con un formato de opinión, o más bien un containerde curiosidades, plagios e hipertexto, al que me enganché inmediatamente: el blog. Pero no sería hasta el verano de 2006 cuando empezaría a participar activamente en la blogocosa: unas amigas y yo montamos “blogguno”, un blog de humor que no nos hizo ricos ni famosos, pero nos unió bastante.
Años después, me pagan por escribir en blogs, seriously! Le profeso bastante cariño y dedicación a la empresa de la que formo parte, Weblogs SL, y ellos siempre me lo han retribuido con nuevas y emocionantes responsabilidades: soy editor de Xataka Móvil y desde 2010 coordino happing, el blog de Coca-Cola.
Algo antes, en 2007, empecé a estudiar una carrera. A lo largo de mi vida, a la pregunta «qué quieres ser de mayor» he respondido: informático, escritor, traductor, periodista e informático. Finalmente elegí ser Ingeniero de Telecomunicación por la ETSIT de la Universidad de Málaga, y nunca he tenido muy claro por qué (quizá porque me gustan los desafíos y ésta era la única carrera que ponía “muy difícil” en el libro que nos dio la psicóloga del instituto antes de la selectividad).
Mi vida está actualmente en desarrollo…



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